Habitantes de al menos nueve colonias de la parte alta del puerto conectan bombas en los pozos y manantiales para tener el líquido.

9 de Enero 2026
La crisis de agua que enfrenta Acapulco ha llevado a decenas de familias a improvisar sistemas de bombeo desde manantiales y fuentes naturales, ante la falta prolongada del servicio en distintas colonias del puerto.
De acuerdo con reportes locales, habitantes han tenido que recurrir a mangueras, bombas artesanales y conexiones improvisadas para obtener agua destinada a actividades básicas como cocinar, asearse y limpiar, una situación que refleja la gravedad del desabasto y la urgencia de soluciones estructurales.
Vecinas y vecinos señalan que el suministro ha sido intermitente o inexistente durante semanas, lo que los obliga a desplazarse largas distancias para conseguir agua o depender de fuentes naturales, con los riesgos sanitarios que ello implica. En muchos casos, el acceso al agua se ha convertido en una tarea diaria que consume tiempo, esfuerzo y recursos.
La problemática se agrava en colonias con infraestructura dañada, donde las redes de distribución no han sido rehabilitadas por completo, lo que dificulta restablecer el servicio de manera regular. A esto se suman factores como la falta de presión, fugas y daños en equipos de bombeo.
Especialistas advierten que el uso de agua de manantiales sin tratamiento adecuado puede representar riesgos para la salud, por lo que recomiendan hervirla o desinfectarla antes de su consumo. Sin embargo, reconocen que para muchas familias estas medidas son difíciles de sostener de forma permanente.
Desde el ámbito institucional, autoridades han informado que se realizan trabajos de reparación y abastecimiento emergente, aunque habitantes consideran que las acciones han sido insuficientes frente a la magnitud del problema. La crisis ha puesto sobre la mesa la necesidad de invertir en infraestructura hídrica, mejorar la planeación y garantizar el derecho al agua.
Organizaciones civiles y expertos en gestión del agua señalan que lo que ocurre en Acapulco es un reflejo de un problema más amplio, donde la combinación de infraestructura deficiente, fenómenos climáticos y crecimiento urbano sin planeación presiona cada vez más los sistemas de abastecimiento.
Para las familias afectadas, la situación va más allá de la incomodidad: representa un desgaste físico y emocional, además de un reto diario para mantener condiciones mínimas de higiene y bienestar. Muchos coinciden en que la crisis ha evidenciado la desigualdad en el acceso a servicios básicos.
Mientras continúan los esfuerzos para restablecer el suministro, la población hace un llamado a las autoridades para que se atienda el problema de fondo, se fortalezcan los sistemas de distribución y se garantice que el agua llegue de manera regular y segura a todos los hogares.
La crisis hídrica en Acapulco se mantiene como un tema prioritario, recordando que el acceso al agua no es un lujo, sino un derecho fundamental, cuya falta impacta directamente en la calidad de vida de miles de personas.





