Montreal, punto de partida para una nueva etapa de cooperación
Canadá y la Unión Europea (UE) iniciaron este 29 de octubre una cumbre de dos días en Montreal con el objetivo de fortalecer sus relaciones económicas y estratégicas. El encuentro reúne al primer ministro canadiense, Mark Carney; a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y al presidente del Consejo Europeo, António Costa.
La agenda contempla comercio, energía, defensa, minerales críticos, seguridad económica, inteligencia artificial y cooperación digital. La reunión también busca impulsar una iniciativa denominada Alianza para el Futuro, concebida como un marco para ampliar la colaboración entre ambas partes.
El acercamiento ocurre en un escenario de incertidumbre sobre la política comercial de Estados Unidos, cuyos aranceles y negociaciones comerciales han llevado a Canadá a buscar alternativas para reducir su exposición a las decisiones de su principal socio económico. De acuerdo con Reuters, alrededor del 70% de las exportaciones canadienses se dirige al mercado estadounidense, mientras que la Unión Europea representa cerca del 9% del comercio canadiense.
Estas cifras muestran el reto que enfrenta Ottawa: ampliar sus vínculos internacionales sin perder el acceso al mercado del que depende buena parte de su actividad exportadora.
La membresía asociada queda fuera de la propuesta
Uno de los temas que precedieron a la cumbre fue la propuesta de Ursula von der Leyen para que Canadá se convirtiera en el primer país con una figura de “miembro asociado” de la Unión Europea.
Sin embargo, el concepto fue retirado del borrador de la declaración conjunta después de que varios gobiernos europeos, entre ellos Alemania, expresaran reservas. Entre las objeciones se encuentran la ausencia de una definición jurídica clara para esa categoría y la falta de un marco institucional que establezca sus alcances.
La eliminación del término no supone la cancelación del acercamiento. Según el borrador consultado por Reuters, ambas partes pretenden avanzar hacia una asociación cada vez más estrecha y continuar las negociaciones para definir su relación durante el próximo año.
El primer ministro Mark Carney ha señalado que el objetivo debe medirse por los beneficios concretos para la población y las empresas, más que por la denominación institucional que reciba el acuerdo.
Energía, tecnología y minerales críticos, entre las prioridades
La cooperación económica constituye uno de los principales componentes de la agenda. Canadá cuenta con recursos energéticos y minerales estratégicos que pueden contribuir a los objetivos europeos de diversificar proveedores y fortalecer sus cadenas de suministro.
Entre las iniciativas planteadas figura un estudio de viabilidad para analizar las exportaciones de gas natural licuado canadiense hacia Europa. También se contempla mejorar la conectividad entre Europa, Canadá y Asia mediante nueva infraestructura de cables submarinos, así como ampliar las oportunidades de movilidad laboral para jóvenes de ambos lados del Atlántico.
En el ámbito tecnológico, las partes buscan avanzar en la cooperación digital y en una mayor compatibilidad entre sus marcos regulatorios sobre inteligencia artificial y economía digital.
La defensa también forma parte del acercamiento. Canadá y la Unión Europea cuentan desde 2025 con una asociación de seguridad y defensa, y el país norteamericano participa en el instrumento europeo SAFE, destinado a apoyar inversiones en la industria de defensa mediante compras conjuntas.
El desafío será convertir estos compromisos en proyectos, inversiones y acuerdos específicos, con plazos, financiamiento y mecanismos de implementación definidos.
El acuerdo comercial vigente ofrece una base para avanzar
La relación entre Canadá y la Unión Europea no comienza con esta cumbre. Ambos mantienen el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA), cuya aplicación provisional comenzó en 2017 y que ha reducido o eliminado numerosos aranceles entre los dos mercados.
De acuerdo con cifras del Consejo de la Unión Europea, el intercambio de bienes y servicios entre ambas partes alcanzó aproximadamente 130 mil millones de euros en 2025, un aumento superior al 80% respecto de 2016.
Este marco comercial ofrece una plataforma para ampliar la cooperación, aunque no elimina las diferencias regulatorias ni garantiza que las empresas canadienses puedan sustituir rápidamente la demanda estadounidense por compradores europeos.
La diversificación requiere tiempo, infraestructura logística, acuerdos sectoriales y condiciones competitivas. Además, la cercanía económica con Europa no significa que Canadá esté abandonando su relación con Estados Unidos, sino que busca ampliar sus opciones comerciales y estratégicas.
Una negociación con implicaciones para el equilibrio occidental
El acercamiento entre Ottawa y Bruselas refleja una tendencia más amplia: los gobiernos buscan reducir vulnerabilidades económicas mediante la diversificación de mercados, proveedores y socios estratégicos.
Para la Unión Europea, Canadá representa una economía desarrollada con recursos naturales, capacidades industriales y vínculos de seguridad compartidos. Para Canadá, Europa ofrece un mercado adicional y posibilidades de cooperación en sectores de alto valor tecnológico.
No obstante, la iniciativa enfrenta límites. La elevada concentración de las exportaciones canadienses en Estados Unidos dificulta una sustitución rápida de ese mercado, mientras que las diferencias entre los gobiernos europeos sobre la membresía asociada evidencian que profundizar la relación requerirá acuerdos institucionales concretos.
La cumbre de Montreal busca sentar las bases de una nueva etapa de cooperación. Su alcance dependerá de los compromisos que se formalicen y de la capacidad de ambos socios para convertir las declaraciones políticas en resultados económicos y estratégicos verificables.





