Trabajadores de los accesos de peaje de la Autopista Urbana Norte intentaron que los automovilistas no perdieran sus neumáticos, invitándolos a retirarse antes de que se activara el sistema “Anti-Peaje”.

4 de Enero 2026
En los últimos días automovilistas que transitan por vías de cuota del Valle de México, como el Viaducto Elevado Bicentenario y la Autopista Urbana Norte, han optado por no pagar peaje aun cuando operan sistemas antievasión que pueden dañar sus llantas, lo que ha generado un nuevo foco de tensión entre usuarios, concesionarias, autoridades y defensores de la libre movilidad.
La situación se ha evidenciado en varios accesos a estos tramos concesionados, donde personal de las casetas ha observado que algunos conductores insisten en evadir el pago del peaje, incluso después de la instalación de dispositivos mecánicos diseñados para infligir daños a los neumáticos de quienes intentan pasar sin pagar.
¿Qué está pasando y cómo funcionan los sistemas antievasión?
Ante el fenómeno de que algunos automovilistas deciden no pagar el peaje, las concesionarias de autopistas de cuota han implementado sistemas antievasión —conocidos coloquialmente como “ponchallantas”— que consisten en barreras mecánicas con picos metálicos que se activan si un vehículo intenta entrar sin pagar.
Estos dispositivos están diseñados para disuadir la evasión del peaje, un problema que en ocasiones se presenta de forma persistente en accesos a vías de cuota, donde algunos conductores buscan atajos o métodos para evitar el costo del servicio.
La lógica detrás de estos mecanismos es simple: quienes no paguen y pasen por debajo del sistema antievasión podrían terminar con las llantas dañadas, lo que además de representar un riesgo vial, actuaría como un freno a la práctica de no pagar.
Por qué algunos conductores se niegan a pagar
A pesar de estas medidas, diversos automovilistas se han mantenido firmes en su negativa a pagar el peaje, alegando varias razones:
- Percepción de costos elevados: para muchos usuarios la tarifa de peaje se percibe como un gasto oneroso, especialmente en recorridos frecuentes o cuando existen rutas alternas sin cuota.
- Desconfianza en el servicio: algunos consideran que el mantenimiento, la seguridad o la calidad de las carreteras de cuota no siempre justifican el pago.
- Falta de alternativas de transporte: al carecer de opciones accesibles o rápidas de movilidad, ciertos conductores optan por evitar el pago como forma de protesta o ahorro.
Esta resistencia ocurre incluso cuando las autoridades y concesionarias han advertido que evadir el cobro no solo es una falta al reglamento de tránsito, sino que además puede conllevar la activación de sistemas antievasión.
Impactos y tensiones en las vías concesionadas
Este fenómeno tiene varias implicaciones prácticas y de política pública:
- Seguridad vial: la presencia de sistemas antievasión con picos o barras metálicas implica un riesgo adicional para la seguridad de los conductores que intentan evadir el pago, lo que podría derivar en accidentes o situaciones peligrosas si no se respetan las señales y advertencias.
- Ingresos de concesionarias: la evasión del pago afecta directamente a las empresas que operan las carreteras de cuota, reduciendo sus ingresos y, potencialmente, su capacidad de mantenimiento y operación adecuada de la infraestructura.
- Relación con las autoridades: la negativa a pagar y las prácticas de evasión colocan a los gobiernos locales y a las concesionarias en una encrucijada entre garantizar el cumplimiento de la ley, promover métodos más suaves de disuasión y atender las preocupaciones ciudadanas sobre costos y servicios.
Aunque estos sistemas “anti-evasión” están en operación en varios accesos del Valle de México, todavía hay conductores que eligen ignorar las advertencias para no pagar, lo que ha generado reportes recientes de vehículos con llantas ponchadas —y conductores enfrentando las consecuencias de esa decisión— en las primeras jornadas de funcionamiento de estas medidas.
¿Por qué importa este conflicto?
Este tema va más allá de una simple disputa entre usuarios y concesionarias; refleja tensiones más amplias en torno a:
- Movilidad urbana y accesibilidad: en zonas metropolitanas como el Valle de México, la movilidad es una preocupación constante y las tarifas de peaje forman parte de un debate sobre equidad y acceso a infraestructura pública.
- Modelos de concesión: pone en evidencia los desafíos que enfrentan los modelos de infraestructura concesionada cuando buscan equilibrar ingresos empresariales con necesidades reales de movilidad de los ciudadanos.
- Cumplimiento de la ley: aunque el pago de peaje es una obligación contractual y legal al usar una vía de cuota, la resistencia a cumplirla abre preguntas sobre cómo se puede fomentar el cumplimiento sin recurrir únicamente a medidas punitivas.
Qué sigue
La controversia alrededor del cobro de peajes y la evasión persistente sugiere varios posibles caminos en el corto y mediano plazo:
- Mayor supervisión y sanciones: autoridades y concesionarias podrían reforzar los sistemas de control, incluyendo tecnologías de reconocimiento de placas o multas automáticas por evasión.
- Diálogo con usuarios: para entender las causas de la resistencia y explorar alternativas más equitativas de cobro o subsidios en ciertos horarios o casos.
- Evaluación de estrategias de movilidad: integrar el tema de las tarifas de peaje en un contexto más amplio de políticas de movilidad urbana y transporte público para atender las preocupaciones de los usuarios.
Este conflicto es un ejemplo de cómo las políticas de infraestructura y cobro de servicios públicos deben equilibrar la eficiencia económica con la aceptación social y la seguridad vial, un desafío que no se agota con la simple instalación de sistemas antievasión.



