Cuando se habla de olas de calor suelen mencionarse golpes de calor, deshidratación o riesgos para personas adultas mayores. Pero existe otro grupo especialmente vulnerable: las mujeres embarazadas y los recién nacidos.
Un sondeo realizado entre profesionales de salud materna de cinco países encontró que 73% había observado un incremento de casos o complicaciones relacionadas con el calor extremo.
Durante el embarazo, el cuerpo necesita realizar ajustes adicionales para regular la temperatura y mantener condiciones adecuadas tanto para la madre como para el desarrollo del bebé.
Las temperaturas extremas pueden incrementar el riesgo de deshidratación y estrés térmico, y diferentes investigaciones han estudiado su relación con complicaciones como parto prematuro y bajo peso al nacer.
El problema adquiere mayor importancia conforme las olas de calor se vuelven más frecuentes, prolongadas e intensas en distintas regiones del planeta.
ONU Cambio Climático ha pedido que las estrategias de adaptación incorporen de manera específica la protección de mujeres embarazadas y recién nacidos.
Esto implica desde sistemas de alerta y acceso a espacios frescos hasta capacitación del personal sanitario para identificar riesgos relacionados con temperaturas extremas.
El cambio climático suele analizarse mediante temperaturas promedio, sequías o fenómenos meteorológicos, pero sus efectos también aparecen dentro de hospitales y consultorios.
Proteger a las poblaciones más vulnerables frente al calor se está convirtiendo así en un nuevo desafío de salud pública mundial.





