20 de Marzo 2026
El filósofo político de Harvard, Michael Sandel, advirtió que el mayor riesgo de la Inteligencia Artificial (IA) no está sólo en la pérdida de empleos o en la desinformación, sino en su capacidad para debilitar la relación humana, sustituir el diálogo real y vaciar de sentido la vida pública.
Durante su participación en la 89 Convención Bancaria, Sandel señaló que la tecnología ya está modificando la forma en que las personas aprenden, trabajan, conviven y hasta procesan la soledad, por lo que el debate ético ya no puede limitarse a la eficiencia o la innovación.
“Estamos creando una generación que puede perder la capacidad de distinguir entre la conexión virtual y la conexión humana”, alertó.
El académico explicó que la preocupación no se reduce a los riesgos más visibles de la IA, como los deepfakes, la privacidad o el desplazamiento laboral, sino a una transformación más profunda: que la interacción digital termine reemplazando experiencias humanas esenciales, como escuchar, debatir, convivir o simplemente compartir un espacio con otros.
En ese sentido, cuestionó que la tecnología esté avanzando más rápido que la reflexión pública sobre sus consecuencias. Puso como ejemplo el uso creciente de asistentes virtuales, robots de compañía y avatares digitales, herramientas que pueden resultar útiles, pero que también abren preguntas de fondo sobre qué significa acompañar, enseñar o incluso seguir presente después de la muerte.
“La pregunta más profunda es si esta tecnología va a modificar el significado de ser humanos”, dijo.
Sandel también vinculó este fenómeno con el deterioro del debate público. A su juicio, las plataformas y algoritmos capturan la atención, pero no necesariamente fomentan comprensión, deliberación o ciudadanía. Por eso defendió el valor de los espacios presenciales, tanto en la educación como en el trabajo y la vida familiar.
Contó que en sus clases ha prohibido los teléfonos celulares porque enseñar exige atraer y sostener la atención de los estudiantes, algo que hoy compite con la lógica de las pantallas.
“La enseñanza requiere atención humana, presencia y escuchar a los otros”, sostuvo.
Desde esta óptica, la tecnología no es neutral: moldea conductas, redefine vínculos y puede profundizar el aislamiento si no se acompaña de una discusión ética seria.
Para Sandel, el verdadero desafío no es frenar la innovación, sino evitar que la comodidad digital sustituya el contacto humano y la conversación democrática que toda sociedad necesita para sostenerse.
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