México está cambiando de edad. El descenso de los nacimientos y el aumento de la esperanza de vida están modificando gradualmente la estructura de la población.
Durante décadas, el país se caracterizó por tener una población predominantemente joven. Sin embargo, esa pirámide demográfica comienza a estrecharse en los grupos infantiles mientras aumenta el peso de los adultos mayores.
El fenómeno tiene implicaciones que van mucho más allá del número de habitantes. Sistemas de salud, pensiones, vivienda y mercado laboral deberán adaptarse a una sociedad con una proporción creciente de personas mayores.
Al mismo tiempo, una menor cantidad de nacimientos modifica la demanda futura de escuelas, servicios infantiles y otros componentes de la infraestructura pública.
El cambio ocurre gradualmente, pero sus efectos serán cada vez más visibles durante las próximas décadas.





