El esquema utilizado para contener los precios de la gasolina regular y el diésel en México continuará vigente hasta febrero de 2027.
La extensión busca mantener estabilidad para consumidores y empresas ante movimientos internacionales en petróleo, tipo de cambio y costos logísticos.
El precio final de los combustibles depende de factores como impuestos, almacenamiento, transporte, importaciones y márgenes de comercialización.
Para los hogares, cualquier incremento representa un impacto directo en movilidad; para las empresas, también puede trasladarse a costos de transporte y distribución.
El acuerdo busca evitar variaciones abruptas, aunque pequeños empresarios gasolineros han advertido que los límites de precio pueden presionar sus márgenes de operación.
La evolución del petróleo y del tipo de cambio seguirá siendo determinante para conocer qué tan sostenible resulta el mecanismo durante los próximos meses.





