La reducción de la jornada laboral mexicana no solamente modificará el número de horas que trabajan millones de personas. También obligará a las empresas a revisar cuánto cuesta mantener funcionando sus operaciones.
Ejercicios realizados por especialistas estiman que el incremento acumulado de los costos laborales podría ubicarse entre 11 y 22 por ciento hacia 2030 en determinados escenarios.
El impacto será diferente dependiendo de cada sector.
Una oficina que puede reorganizar horarios tendrá condiciones distintas a una fábrica, tienda, restaurante o centro logístico que necesita mantener operaciones durante periodos prolongados.
Por ello, muchas compañías están evaluando primero cambios internos antes de contratar más trabajadores.
Entre las opciones aparecen reorganización de turnos, automatización, reducción de tareas repetitivas y revisión del uso de horas extraordinarias.
La primera reducción comenzará el 1 de enero de 2027, cuando el máximo semanal pase de 48 a 46 horas.
Posteriormente continuará disminuyendo gradualmente hasta llegar a 40 horas en 2030.
El salario de los trabajadores no deberá reducirse como consecuencia del cambio.
Eso obliga a las compañías a buscar incrementos de productividad para compensar una menor cantidad de horas disponibles.
La transición será especialmente relevante para pequeñas y medianas empresas, que generalmente cuentan con menor margen financiero para ampliar sus plantillas.
Los próximos meses serán utilizados por muchas compañías para realizar simulaciones financieras y determinar cómo reorganizar sus operaciones antes de que comience la primera etapa.





