La sequía comienza a convertirse en un problema económico y alimentario para comunidades del sur de México.
Productoras de Oaxaca y Guerrero reportaron pérdidas de entre 90% y 100% de sus cosechas en algunas regiones afectadas por la falta de lluvia, una situación que amenaza tanto los ingresos de las familias como su capacidad para producir sus propios alimentos.
En Oaxaca, más del 93% de los cultivos de maíz de temporal habrían resultado afectados, mientras 35 municipios se encuentran declarados en sequía y otros 145 presentan condiciones anormalmente secas.
La Costa se encuentra entre las regiones más golpeadas, aunque también se reportan afectaciones en la Mixteca y los Valles Centrales.
En Guerrero, las pérdidas documentadas por organizaciones de productoras llegan a entre 90% y 100% en zonas de la franja costera, mientras en La Montaña rondan 50% y en regiones del Centro y Norte alcanzan aproximadamente 70%.
El impacto no termina cuando se pierde una cosecha.
Para numerosas familias campesinas, la milpa representa alimento para varios meses, semillas para el siguiente ciclo y sustento para animales de traspatio.
Cuando esa producción desaparece, los hogares deben comprar productos que normalmente cultivaban, buscar fuentes adicionales de ingreso o modificar su alimentación.
Organizaciones de mujeres campesinas también han advertido sobre el riesgo para variedades de maíz nativo conservadas durante generaciones.
Las productoras pidieron acciones de emergencia que incluyan apoyo alimentario, recuperación de la capacidad productiva, disponibilidad de agua y acceso a semillas.
La sequía demuestra así que un fenómeno climático puede transformarse rápidamente en un problema económico.
Menor producción significa menos ingresos para las familias rurales, mayor necesidad de comprar alimentos y posibles presiones sobre precios y disponibilidad en mercados regionales.





