Una catrina de aproximadamente 11 pisos de altura se convirtió en uno de los atractivos de la temporada de Día de Muertos en el Zócalo capitalino. Su tamaño destaca entre las ofrendas, instalaciones y actividades que se realizan en el centro de la ciudad.
La figura retoma la imagen de la catrina, un personaje que con el paso del tiempo se volvió uno de los símbolos más reconocibles de esta celebración mexicana. Su presencia invita a mirar la tradición desde una escala monumental y pública.
El montaje también atrae a visitantes que recorren la plaza y sus alrededores durante estos días. Para quienes acuden, la instalación ofrece un punto de encuentro y una oportunidad para observar cómo las expresiones populares forman parte del espacio urbano.
La pieza se suma a las distintas propuestas culturales con las que las ciudades conmemoran a sus difuntos. En el Zócalo, su altura la vuelve visible desde distintos puntos y suma un nuevo escenario para las fotografías de la temporada.





