Una investigación sobre la caldera Kikai, al sur de Japón, identificó un gran reservorio de magma bajo el volcán submarino.
El sistema estuvo relacionado con una erupción ocurrida hace unos 7,300 años, una de las mayores registradas durante el Holoceno.
Los investigadores utilizaron estudios sísmicos para localizar una anomalía bajo la caldera, a una profundidad aproximada de entre 2.5 y 6 kilómetros. La interpretación apunta a que nuevo material magmático se incorporó al reservorio con el paso del tiempo.
El hallazgo ayuda a entender cómo pueden reconstruirse estos sistemas volcánicos después de una erupción masiva; por sí solo, no indica que una nueva erupción sea inminente.





