Cambiar considerablemente la hora de las comidas entre los días laborales y el fin de semana podría estar relacionado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
La investigación analizó información de 104 mil 806 adultos participantes en el proyecto francés NutriNet-Santé durante un periodo de hasta 14 años.
Entre los hombres, cada hora adicional de diferencia en los horarios de alimentación se asoció con un aumento de 14 por ciento en el riesgo cardiovascular y de 21 por ciento en el riesgo coronario.
Los científicos no encontraron la misma asociación estadística entre las mujeres. También aclararon que se trata de un estudio observacional, por lo que no demuestra una relación directa de causa y efecto.
La hipótesis sostiene que comer a horarios muy distintos altera los ritmos circadianos. Mantener una rutina relativamente estable podría ayudar al organismo a regular el metabolismo, la presión arterial y el sueño.





