La adopción de inteligencia artificial dentro de las empresas está avanzando más rápido que las políticas creadas para regular su utilización.
Casi la mitad de los empleados reconoce utilizar herramientas de IA de maneras que pueden violar las reglas internas de su organización.
Uno de los principales riesgos aparece cuando los trabajadores introducen documentos, datos de clientes o información confidencial en plataformas externas.
También existe preocupación por propiedad intelectual, debido a que determinadas herramientas pueden procesar contenido empresarial sin que el usuario conozca exactamente dónde queda almacenado.
Para las compañías, prohibir completamente estas tecnologías puede resultar poco realista debido a las mejoras de productividad que ofrecen.
El desafío consiste en establecer herramientas autorizadas, capacitar al personal y definir claramente qué información puede utilizarse para reducir riesgos sin frenar la adopción tecnológica.





